Silvia, gran amiga en Argentina, decía que sentía tristeza al observar que la juventud de ahora –nada menos que la del Tercer Milenio--, no tiene ideales por los cuales pueda batallar. Silvia me dio un libro llamado “El Hombre Mediocre”, en el cual su autor, José Ingenieros, decía: “El hombre mediocre es aquel que no tiene ideales por los cuales pueda luchar…” Esta reflexión me llevó a un viaje retrospectivo recordando el idealismo contenido en Woodstock con Santana, Janis Joplin, revolución pop, movimiento hippie, acciones antiguerra de Vietnam, y canciones de protesta contra las dictaduras de la época. Realmente la generación de los 60’ y 70’ tenía ideales por los cuales podía luchar. En este escenario la música constituyó la Alma Mater de impactantes movilizaciones colectivas que marcaron el pensamiento de la época. En medio de los movimientos contraculturales, convulsiones y revoluciones evoco el momento culminante o salto cuántico, como ahora se dice, cuando abandoné la onda rockera por la de la música clásica o erudita, llamada así en Brasil La energía literaria que me llevó a dar ese salto particular y de partículas, fue la Gnosis del V.M. Samael Aun Weor y la lectura de “Wagner: Mitólogo y Ocultista”; obra magistral del gran teósofo español don Mario Rosso de Luna. El poder vibracional del mensaje oculto en la música de Wagner y otros músicos mencionados en el libro, activaron zonas recónditas de mi cerebro, las cuales a su vez me inspiraron a crear las bases de lo que más adelante llamaría de Biomúsica. Mi experiencia revolucionaria en esta área, se llevó a cabo en 1975 realizando la primera conferencia sobre “Los Sonidos de la Salud”, nada menos que en el auditorio de la facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Guadalajara, México. Hablar de este tema en un ambiente académico fue un gran desafío que pude sortear gracias a Euterpe la musa griega de la música. De esta temeraria incursión en el campo académico tradicionalista, surgieron 60 estudiantes de medicina que se atrevieron participar en el primer seminario sobre “Biomúsica” A partir de este evento fui llevado, al ritmo de “octavas superiores”, por las ciudades más importantes de la querida geografía mexicana a dictar conferencias y organizar seminarios sobre esta innovadora propuesta. Pasaron varios años al son de la Biomúsica, cuando en 1979 recibí la invitación de mi gran amigo y hermano del camino espiritual Claudio Carone para viajar al Brasil con el objetivo de realizar una gira difundiendo este tema. Fue así que viajé de México a Brasil, soportando la contaminación sonora generada por los altos decibelios de las turbinas de un jet de la Varig. En este maravilloso país, rebozante de ritmo y melodía, tuve la oportunidad de presentar mis propuestas en San Paulo, Río de Janeiro, Belo Horizonte, Curitiba, Blumenau y Puerto Alegre. Difícil olvidar la armónica aceptación que tuve para mis investigaciones que tenían como objetivo principal la liberación del estrés por parte de los participantes a los seminarios, foros y conferencias en todo el país. Rememoro los momentos de relajamiento mental y corporal que realizábamos cuando escuchábamos la música de Equinoccio y Oxígeno de la autoría de Jean Michel Jarre, pionero de la música electrónica. El “tempo mental” de la música de Jarre tuvo una gran aceptación en el “tempo musical” del amado pueblo brasileño. La aceptación de la Biomúsica fue tal que las directoras del departamento de grabación de Ediciones Paulinas, me incentivaron y me apoyaron para grabar ejercicios psicoacústicos, muy avanzados para la época, tales como: El Viajero Celular y P.I.D. (Percepción Intuitiva de Dios). La Grabadora Continental, dio a Claudio Carone buenos descuentos económicos para grabar los casetes y así una mayor cantidad de público pudiera tener acceso a esas innovadoras músicas, desconocidas en Brasil. Un gran amigo, Ali Mohamed Onaissi, estudiante de periodismo para en esa época me abrió las puertas para que yo fuera entrevistado en el programa de Jô Soares, para hablar sobre el revolucionario tema de mi libro “La Cara Oculta del Rock”, editado en España y Alemania. También ese gran Maestro de la música Walter Lorenção me entrevistó varias veces en su programa en Radio Cultura, de la Fundación Padre Anchieta. Asimismo el periodista Al Mohamed Onaissi logró que Serginho Groismann organizara un programa al vivo mostrando una parte de mi seminario sobre biomúsica que se realizaba en ese momento en São Paulo. En los diversos seminarios y conferencias, utilicé una combinación de frecuencias muy original: músicas de Waldo dos Ríos, Kitaro, Vangelis, colores y aromas. En uno de mis seminarios en Rio de Janeiro, jóvenes estudiantes de la Facultad de Musicoterapia, me animaron para que continuara mis investigaciones sobre los sonidos de la salud, que no eran nada académicas para el siglo pasado. Soy consciente que el pionerismo requiere de muchos sacrificios y de gran constancia para que más adelante se pueda realizar una buena cosecha, tal cual como lo estamos viviendo en este momento. Tenemos frutos tales como la abertura de las puertas, para las propuestas del uso de la música para una “nueva consciencia” en el Curso de Naturologia en la Universidad Anhembi; como bien lo expresa las propias palabras del Dr. Tsotomu Higashi, eminente médico cuántico y ortomolecular, cuando me animaba diciéndome: “La biomúsica y el Bio-feedback están en alta”. Y qué decir de la gran receptividad que conquistamos teniendo en la Clínica Michael de Medicina Antroposófica de Rudolf Stainer, en São Paulo, así como en otras nobles instituciones. También resulta maravilloso compartir a través de este Sitio el reencuentro que tuvimos en el año de 2007 con ese genio de la electrónica, nuestro querido amigo Marcos Antonio Peixoto, con quien estamos trabajando e investigando el “Sonido Puro” y además las “Frecuencias y la Salud”, temas que serán tratados en extenso en nuestros correspondientes links de este Sitio. Con justa razón Beethoven afirmaba: “La Música es la revelación superior a toda sabiduría y filosofía”.
A.M.D.G. Fernando Salazar Bañol